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Capítulo 4 — La trampa de William Blackwood

Capítulo 4 — La trampa de William Blackwood

William llegó a la mansión dos días después.

Trajo un oso de peluche para Emily.

—Así que tú eres mi sobrina nieta.

Emily miró el juguete.

—Sí.

—Puedes llamarme tío William.

—Está bien.

Eleanor observaba.

No confiaba en él.

Pero no tenía pruebas.

William era encantador.

Educado.

Paciente.

Durante varias semanas hizo todo correctamente.

Jugaba con Emily.

Le llevaba libros.

Hablaba de Charlotte.

Poco a poco incluso Eleanor comenzó a preguntarse si había juzgado mal sus intenciones.

Hasta que Margaret encontró algo.

Un pequeño dispositivo detrás de un cuadro del despacho.

Una cámara.

Eleanor llamó a seguridad.

Revisaron la casa.

Encontraron dos más.

Las imágenes enviaban datos a un servidor externo.

Los técnicos rastrearon la conexión.

Llegaba hasta una empresa vinculada a William.

Eleanor no lo enfrentó.

Todavía.

Quería saber qué buscaba.

Así que preparó una trampa.

Anunció que firmaría el nuevo testamento el viernes.

También hizo circular deliberadamente información falsa.

La pulsera de Emily debía estar presente durante la firma para activar el fideicomiso.

No era cierto.

Pero William no lo sabía.

El jueves por la noche alguien entró en la mansión.

No era William.

Era Vanessa.

Tenía una llave antigua.

Subió silenciosamente.

Llegó a la habitación de Emily.

La cama estaba vacía.

Vanessa se detuvo.

Las luces se encendieron.

Eleanor estaba sentada en una silla.

Dos policías detrás.

William apareció en una pantalla.

Su llamada con Vanessa estaba siendo grabada.

—¿Dónde está la pulsera? —preguntaba su voz.

Vanessa comenzó a llorar.

—Él me obligó.

Eleanor permaneció fría.

—No. Él te pagó.

Vanessa bajó la cabeza.

Horas después, William fue detenido.

Los investigadores descubrieron fraude.

Espionaje corporativo.

Malversación.

Había desviado millones durante años.

La aparición de Emily no había creado su corrupción.

Simplemente había acelerado su desesperación.

Cuando Emily despertó al día siguiente, Eleanor no le explicó todos los detalles.

Solo dijo:

—William tendrá que marcharse durante mucho tiempo.

Emily preguntó:

—¿Por mi culpa?

Eleanor se arrodilló.

—Nunca vuelvas a decir eso.

—Pero...

—Las decisiones de los adultos son responsabilidad de los adultos.

Emily la miró.

Eleanor tomó sus manos.

—Tú no destruiste esta familia.

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La anciana respiró.

—En realidad, creo que acabas de salvarla.

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